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lunes, 22 de noviembre de 2010

A Patricio, mi maestro



Patricio, mi sobrino y gran maestro de vida

A Patricio, mi maestro:

Gracias, Patricio por enseñarme el valor de la vida, por mostrarme que el crecimiento personal no es un camino de ida, sino un camino de regreso a recuperar esas formas de ser que tuvimos los adultos y que hemos abandonado en el proceso de convertirnos en seres “adecuados”.

Gracias por ser totalmente libre, por no tener juicios ni prejuicios, por no apegarte a normas, dictámenes ni convencionalismos estúpidos; gracias por enseñarme la inmensa sabiduría que existe en ignorarlo todo. Gracias por tu enorme curiosidad, por tus deseos de aprender y descubrir un mundo que no tiene límites, gracias por no vivir en el pasado ni vivir en el futuro, sino siempre en tu gran compromiso con el presente; gracias por disfrutar todos y cada uno de los momentos, gracias por la pasión con la que te entregas a tu vida, a la diversión, al gozo, al juego. Te agradezco por enseñarme que el sufrimiento es efímero cuando no se vive desde la auto compasión, cuando no se niega. Me enseñas que el placer radica en saberse parte de un todo y no dueño de algo; me enseñas que decir NO contundentemente a lo que no quieres pone a salvo tu dignidad y me enseñas que la vida se vive con todos los sentidos, que el apego es estúpido porque todo está por venir, porque hay todo por descubrir; gracias por aceptarlo todo, por no resistir nada, por la confianza que tienes en la vida, por tu generosidad sin intención, por la espontaneidad de tu amor libre de interés en la reciprocidad, gracias por ser sin querer ser adecuado o bueno, gracias por no vivir en la moral y por disfrutar tu desnudez sin vergüenza, gracias por no tener miedo a ser rechazado, por no temer a la vida, por amar lo desconocido, gracias por tu creatividad para arreglártelas solo, por la responsabilidad con que te haces cargo de tu sentir y gracias, Pato, por enseñarme que la racionalidad solo sirve para armar o desarmar cosas, porque toda la vida se vive en el gozo de nuestras emociones y de nuestros sentidos, por mostrarme que las únicas necesidades verdaderas son comer, dormir e ir al baño y que hasta estas se disfrutan. Gracias por respetar los procesos sin prisas y no caminar hasta que caminas y no hablar hasta que hables; gracias por enseñarme que toda tu energía surge desde no desperdiciarla en pensamientos pasados o futuros, en resentimientos o rencores, sino desde el más profundo amor por la vida.

En algún momento serás adulto, el mundo intentará devorarte tal y como lo ha hecho con nosotros, los adultos, que estúpidamente sucumbimos ante él. Tú no lo permitas, nunca te abandones, nunca dejes que nadie te cambie ni tampoco pretendas cambiar a nadie, no dejes que te digan como debes ser, nunca dejes de gozar como lo haces ahora, el gran privilegio de pertenecer a esta vida.

Te amo
Tu tío, Juan Carlos

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Víctima o Responsable

Tú eliges



En la vida, o tenemos excusas o tenemos resultados… Tú ¿qué deseas tener?

Antes de empezar, quiero aclarar que el propósito de este texto no es cuestionar la posición que cada uno decide tomar respecto a su vida, sino abrir una posibilidad que permita cuestionar dicha posición respecto a los resultados.

En mi opinión, ante los sucesos de la vida podemos elegir tomar dos posiciones:

La posición de víctima: En esta, suponemos que la vida y los otros deben ser de una manera determinada para que nosotros seamos, hagamos y tengamos lo que deseamos. Desde este pensamiento surgen expresiones como: Si las circunstancias fueran diferentes, si el gobierno fuera otro, si mi jefe me tratara diferente, si tan solo mi esposa cambiara. O estas otras: Es que he tenido mala suerte, este es mi destino, por tu culpa yo hice… Dios me ha abandonado. En fin, frases como las anteriores sobran. Pero lo importante es notar lo que ellas expresan… En primer lugar, que las posibilidades de logro se encuentran fuera de ellos, si las cosas, la vida o los demás no cambian, nada es posible. Por otra parte, expresan resentimiento, resignación y frustración. Quiénes creen eso, tienen toda la razón, no hay manera que la vida se adecue a lo que ellos quieren.

La posición de responsable: Desde esta postura, la vida se observa diametralmente opuesta. La persona responsable reconoce que “si va a suceder, depende de mí” A diferencia de la víctima, que solamente encuentra excusas, la persona responsable encuentra posibilidades. Sabe que él es: Fuente y causa de todo lo que tiene y de lo que no tiene, por todo lo que ha hecho y ha dejado de hacer. Quien se sabe responsable va por el resultado, no se queda con la explicación. Quien se sabe responsable, ante un resultado adverso se pregunta: ¿Qué hizo falta de mí para que esto se concretara?, ¿Qué hice más importante que lo que deseo?, ¿Dónde está puesto mi compromiso? En otras palabras, la gente responsable no se justifica, se observa así misma, ve lo que hay que cambiar y lo cambia, reconoce sus incompetencias y busca aprender. La responsabilidad no admite quejas, reproches ni culpas, solo admite acciones efectivas que reviertan el resultado no deseado. Desde la responsabilidad las personas eligen por sí mismas. Desde la victimización, las personas creen que los demás eligen por ellas.

El lenguaje denota, siempre, las emociones a partir de las cuáles actuamos. Las víctimas suelen incluir recurrentemente en su lenguaje las palabras: Pero y Es que. Y no es un asunto trivial, la palabra pero siempre desvirtúa lo dicho antes de ella: Claro que estoy inconforme, pero… Lo iba a hacer, pero… Ya lo que se desea perdió importancia  en lo que se dice después del pero, y lo relevante es lo que se dice después. Es que, se utiliza siempre que se desea entregar una excusa. Es que había mucho tráfico, es que tuve que quedarme en el trabajo, es que no tuve dinero.

La postura responsable suprime estas dos palabras, utiliza la conjunción Y: No lo hice, no supe cómo y voy a aprender. Estoy inconforme, lo voy a decir y haré lo que haga falta para cambiarlo.

Si pueden observar, las palabras Pero y Es que, inmovilizan, se centran en el pasado. Utilizar la conjunción Y, mueve a la acción, se centra en el presente y en el futuro.

Cuando daba cursos respecto a la responsabilidad, solía hacer lo siguiente: Tomaba un plumón y lo dejaba caer al suelo. Inmediatamente decía: La explicación por la cual el plumón cayó al suelo es por la ley de gravedad. Acto seguido preguntaba: ¿Hay otra explicación? E invariablemente la respuesta era: Sí, la otra explicación es que lo dejaste caer. Como pueden ver, este mismo hecho tiene dos explicaciones. La primera alude a la circunstancia, que es la ley de gravedad. La segunda pone la responsabilidad en mí, yo estoy a cargo, de mí depende que suceda y no de la circunstancia, o a pesar de ella.

La responsabilidad tiene que ver con el poder. Entendiendo el poder como posibilidad de acción. En el ejemplo anterior, yo soy quien tiene el poder de hacer que el plumón caiga o no. La diferencia fundamental entre las personas exitosas y las mediocres, radica en el poder de hacer que cada una se confiere.

Otra característica de la víctima es el egocentrismo; la víctima cree que el mundo gira alrededor de él, todos se confabulan para hacerle la vida miserable. Fulano me hizo, el gobierno me torna, mi esposo me hace sentir inferior.  La víctima ni siquiera se sabe responsable de que lo que siente es su sentir, y por tanto su responsabilidad. Lo que finalmente hace es cederle el poder al otro. En esta postura le damos permiso al otro para que nos diga cómo nos debemos de sentir y qué debemos hacer. La responsabilidad, entonces, también tiene que ver con la libertad.

La victimización a final de cuentas es una mentira, es una forma de engañarnos, de ceder nuestro poder y nuestra libertad. La responsabilidad es la única forma de recuperarlas.

Después de todo lo dicho parecería que estoy sugiriendo que desde la postura responsable es posible todo. Pues no, no lo es. Evidentemente habrá muchas cosas que no podamos lograr, aún y siendo 100% responsables; sin embargo, desde no poder culpar a nadie, incluso ni a nosotros mismos, el fracaso no se vive como tal, porque la persona responsable siempre encuentra aprendizaje en el fracaso, acepta que no es posible lo que desea y lo vive en paz. Es decir, la responsabilidad nos permite aceptar lo que no se puede cambiar y aceptado así, la persona se hace cargo de lo que eso le provoca. La responsabilidad, entonces, tiene que ver también con la paz y con la humildad.

Todo esto lo podemos resumir de la siguiente manera: La víctima vive la vida que cree que le tocó. El responsable vive la vida que sabe que merece.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Nos hicimos la pregunta equivocada...

"El arte de preguntar"



Miles habían visto caer manzanas… Sólo Newton se preguntó por qué

La reflexión que hago aquí y que muy frecuentemente seguiré haciendo surge desde la inquietud de juzgar que México, país en el que nací, en el que vivo y amo, sufre las consecuencias de un hacer recurrente que ha dado como resultado un hacer violento.

Quisiera, antes de comenzar, aclarar que todo lo que he escrito con anterioridad es mi plataforma de apoyo; parto de ahí para fundar las interpretaciones que aquí haga. Pido a mis lectores no tomen mi particular interpretación como un deseo mío de arrogarme alguna verdad, sino que lo vean como una posibilidad, como una ontología del fenómeno de la violencia que nos permita construir, si la juzgan poderosa, una coordinación de acciones que resuelva el problema que enfrentamos.

El único motivo por el cual efectuamos la acción de preguntar, es porque deseamos obtener respuestas que nos sirvan de apoyo para efectuar la acción de decidir. En toda acción humana subyace una decisión, los seres humanos vivimos, cada instante de nuestra existencia decidiendo; incluso la acción de no decidir surge desde la decisión de no hacerlo. La emoción de la confianza juega un rol fundamental en nuestras decisiones, toda decisión está basada en la confianza, no hay otro camino, siempre decidiremos sobre aquello que juzguemos que mayor confianza nos proporciona. Uno de los grandes dilemas existenciales actuales radica en que pareciera que ya todo está dicho, que todas las respuestas están dadas, que las maneras de hacer las cosas ya están en su totalidad determinadas. Y cómo no pensarlo con la cantidad de religiones, doctrinas, filosofías, ideologías y hasta partidos políticos que creen tener todas las respuestas. Este pensar que todo está dado resulta inofensivo en tanto esas respuestas nos funcionan para alcanzar lo que deseamos y para conferir sentido a nuestras vidas. El problema surge cuando no funcionan o dejan de hacerlo, cuando el sentido que guardaban nos resulta insuficiente para enfrentar las acometidas de la vida, cuando esas respuestas no inspiran ya confianza.

Einstein decía que un problema no puede ser resuelto si se planteaba de la misma manera en que fue creado. Con esto, el físico Alemán reconoce que el problema no radica en la respuesta obtenida, dado que dicha respuesta es la consecuencia de la pregunta efectuada; por tanto, habría que formular preguntas diferentes que proporcionarán respuestas diferentes.

Muchos juzgamos que la estrategia del combate contra el narcotráfico está resultando inefectiva. Esta estrategia, esta forma de hacer ha dado como resultado un saldo de 30,000 personas muertas, entre ellas muchas no involucradas directamente. Tal vez poco nos hemos detenido a observar que una estrategia es una respuesta a una pregunta previa y que, la decisión de llevarla a cabo, resulta de la confianza que se depositó en ella. Observar una respuesta nos puede aproximar a conocer la pregunta que la originó. ¿Qué pregunta se planteó el presidente para obtener esta respuesta? Una de las posibles preguntas que se pudo haber formulado Calderón es la siguiente: ¿Cómo terminamos con el tráfico de drogas en el menor tiempo posible? No quiero decir que esta fue la pregunta concreta que se hizo Felipe Calderón, tampoco quiero decir que no haya otros factores que intervengan en la formulación de la pregunta, como intereses políticos, personales, temores, ambiciones, etc. Sin embargo, de haber existido tales, no las podemos conocer a profundidad y tampoco las podemos comprobar. Como quiera que haya sido, la pregunta formulada arrojó como respuesta: La guerra.
Sostengo que preguntar es un arte, ontológicamente existen varios tipos de preguntas: Horizontales, verticales, transversales y ortogonales. Cada una remite a algo particular y cada una de ellas arroja respuestas muy diferentes. Cómo mencioné anteriormente, en un mundo repleto de respuestas resulta común creer que no hay más preguntas por hacer, el mundo de las respuestas ha clausurado nuestra capacidad para hacer preguntas. La única herramienta que poseemos los seres humanos para profundizar en un fenómeno, para expandir nuestra mirada, para situarnos en un “claro” al que ya hacía referencia Heidegger, son las preguntas. El arte de preguntar radica entonces en hacer preguntas diferentes, pero también en que las respuestas arrojen un número significativo de nuevas preguntas, de tal modo que obtengamos confianza, pero no nos atemos a la certeza. La necedad deviene de ahí, de haber encontrado una sola respuesta y vivirla como verdad.

Resumiendo lo anterior, podemos decir: Una respuesta inefectiva es consecuencia de una pregunta inefectiva. De aceptar esto, cabe preguntarse ¿cuál, o cuáles, son las preguntas que pueden ampliar nuestra mirada respecto al fenómeno de la violencia en México para obtener una solución más viable y menos dolorosa?

Por mi parte, haré una: ¿Qué tipo particular de fenómeno es el fenómeno de la violencia? En mi opinión esta es la pregunta fundamental cuya respuesta nos aproximaría de forma importante a conocer el fenómeno de la violencia y nos abre posibilidades de nuevas preguntas.

No quiero describir el proceso de respuestas y nuevas preguntas que atravesé en la búsqueda de responder la pregunta anterior, solamente diré cuál es la respuesta: “El fenómeno de la violencia es un fenómeno relacional, y por tanto, sistémico”. Basado en esta respuesta, próximamente hablaré de las acciones que particularmente me aparecen disponibles para la solución de este problema; sin embargo los invito animadamente a dos cosas: Pensar en las acciones que ustedes implementarían a partir de esta interpretación y a formularse sus propias preguntas en búsqueda de una interpretación más poderosa.

Para finalizar, quiero destacar que el interés de este artículo no radica en mostrar mi particular respuesta, la cual es solo una posibilidad, sino mostrar la importancia de los diferentes procesos de pensamiento que podemos utilizar como vehículo para la resolución de problemas y de generación de conocimiento nuevo y autónomo. ¡No todo está dicho!

martes, 19 de octubre de 2010

Los seres humanos nos constituimos en el lenguaje

"Dintinciones, juicios y narrativas nos constituyen"


En entradas anteriores establecimos que los seres humanos “no sabemos cómo las cosas son ,solo sabemos cómo las interpretamos”. Dado lo anterior sería preciso reconocer que dichas interpretaciones ocurren en el lenguaje. “Los seres humanos nos creamos en el lenguaje”.

El mundo que percibimos no es percibido únicamente por nuestros sentidos, lo percibimos también a través del lenguaje, a través de las distinciones que hacemos en el lenguaje. Una distinción es la capacidad que tenemos de separar un algo de un todo y constituirlo en un objeto de observación. A través de nuestras distinciones los seres humanos damos orden al caos, pero lo hacemos de formas muy diferentes. Una misma situación es observada de manera distinta de acuerdo a las distinciones de las cuáles participamos.

Si se presenta un estado de resultados a un arquitecto verá en él cosas muy diferentes a las que ve un contador, mismo caso es presentar un plano de construcción a un administrador de empresas quien observará cosas distintas a las que observa un ingeniero. Un médico tradicional verá cosas distintas en el cuerpo humano de las que ve un médico formado en medicina oriental. El mismo cielo es observado de maneras distintas por astrónomos que por astrólogos. Los ejemplos pueden ser muchos, de hecho, cada profesión y cada oficio no son más que un conjunto de distinciones dentro de un dominio particular. Como podemos ver, las acciones que nos están disponibles, se encuentran acotadas por el tipo particular de observador en que nos constituyen las distinciones de las que participamos. Digámoslo una vez más, muchos de los objetos que pueblan nuestros mundos resultan de las distinciones que seamos capaces de realizar.

Pero el lenguaje no únicamente nos permite distinguir diferentes objetos, también nos permite tomar una posición respecto a ellos, no somos observadores neutrales, el mundo que observamos nos importa, y nos importa también de maneras distintas, pero ninguno de nosotros somos descomprometidos con lo que observamos. No podemos desprendernos de nuestras posiciones, los horizontes de posibilidades que observamos nos afectan de una u otra manera. Esa manera se define en nuestra particular capacidad de enjuiciar lo que vivimos, lo que experimentamos. Los seres humanos, como seres lingüísticos, emitimos juicios respecto a lo que vivimos y diferentes juicios nos constituyen en observadores diferentes.

Individuos distintos participando de una misma situación se constituyen en observadores diferentes de acuerdo a los juicios que sean capaces de proveer a la situación observada. Rigurosamente, hablar de una misma situación es ahora un sinsentido, no existe una sola situación, sino tantas como observadores participen de ella. La objetividad como tal es inexistente.

Por último diremos que el lenguaje no solo nos permite hacer distinciones y emitir juicios, entre otras muchas, nos permite hacer narrativas, conectar varias observaciones y entretejerlas a manera de obtener una historia, un relato, una explicación. De acuerdo a las explicaciones o historias que nos contemos nos constituiremos en observadores diferentes. Los relatos que hacemos de nosotros mismos distan mucho de ser los que otros cuentan de nosotros. Lo que somos es solo el relato que hacemos de nosotros y el que los otros hacen de nosotros, los seres humanos somos una construcción lingüística.

Así pues, nuestros ámbitos de acción, de lo posible y de lo imposible, están sujetos por mucho a las distinciones, juicios y narrativas que seamos capaces de proveer a lo observado. Veo necesario aclarar que estos tres ámbitos del lenguaje tienen dimensiones mucho más profundas que por razones de espacio no podemos tratar, pero espero sirvan como fundamento para desprendernos de la noción de “verdad” que conocemos y podamos comenzar a observarnos de manera distinta.

lunes, 11 de octubre de 2010

Consenso y efectividad

"Una nueva forma de relacionarnos"
Consenso y efectividad son factores que nos llevan a crear la ilusión de que los seres humanos tenemos un acceso libre a ver las cosas en la transparencia de su ser.

Consenso:
Parecería que el hecho de que dos o más observadores coincidamos en nuestras apreciaciones sería suficiente para determinar que estamos viendo las cosas como realmente son; sin embargo, este hecho lo único que demuestra es que dos o más observadores coincidimos en ver las cosas de determinada manera.

Como dijimos en la entrada anterior, los seres humanos compartimos como especie rasgos característicos biológicos que acotan nuestra percepción del exterior. Al interior de una misma especie se producen variaciones biológicas significativas, de allí que individuos pertenecientes a una misma especie puedan hacer, sólo desde el punto de vista de la biología, diferentes observaciones, lo cual ejemplificamos aludiendo al daltonismo.

De la presunción que el consenso garantiza la verdad, considerada como el conocimiento real de las cosas, resulta como consecuencia una modalidad de convivencia particular. Mientras el consenso se mantiene es inofensivo, el problema surge cuando aparece alguien desafiando ese consenso, cuando aparece el disidente observando las cosas de una manera diferente. El tipo de relación que tenderán a mantener aquellos que presumen poseer la verdad con este disidente, será muy diferente que aquella que mantienen con los que comparten el consenso. Estamos hablando de un tipo de convivencia discriminatoria, excluyente.


Uno de los problemas que enfrentamos hoy día es el vivir en un mundo en el que existe un proceso de disolución creciente de nuestras fronteras culturales y donde, por lo tanto, estamos obligados a convivir con observadores muy diferentes a nosotros mismos. Esa convivencia sólo tenderá a acrecentarse en el futuro y debemos prepararnos desde ya para participar en ella. Sostenemos que nuestras interpretaciones tradicionales, que desconocen el papel del observador, resultarán un obstáculo importante para las nuevas modalidades de convivencia del futuro en la medida que busquemos establecer relaciones sólidas, profundas y perdurables y sea necesario trascender relaciones meramente instrumentales.

Efectividad
Cuando, a partir de una determinada forma de observar o interpretar las cosas, logramos los resultados que buscamos, tendemos a suponer que nuestra modalidad de observación o de interpretación es verdadera. Usamos la práctica como criterio de verdad. Decimos que “la verdad del pastel se encuentra en el comérselo”. Sin embargo, aquí efectuamos nuevamente un salto lógico. La práctica no puede demostrar la verdad de nada. El único criterio que nos provee la práctica es un criterio de poder. Nos muestra que una modalidad de observación o de interpretación es capaz de generar acciones que otra modalidad no puede. En otras palabras, que la primera, para un determinado observador, es más poderosa que la segunda. Pero nada podemos concluir sobre la capacidad que ellas tengan de adecuarse o no a como las cosas realmente son.
La historia y las ciencias están plagadas de ejemplos de interpretaciones que en un momento fueron consideradas portadoras de la verdad hasta que apareció otra diferente que hizo que la primera pasara a ser considerada falsa. Se acuñó incluso la frase de que “algo es verdadero hasta el momento en que se le descubre falso”. Pero este reconocimiento debiera más bien hacernos sospechar de la distinción que hacemos entre verdad y falsedad.

Aunque ello contradiga presupuestos a los que estamos muy acostumbrados, el fuerte atractivo de las ciencias no reside en su capacidad de proveer la verdad, sino en su poder de reproducción de determinados fenómenos y de transformación práctica. Efectividad no puede confundirse con verdad. Determinadas interpretaciones nos parecen verdaderas hasta el momento que emerge otra diferente y más poderosa, momento en el que ahora la primera nos parecerá falsa. Sin embargo, los términos de verdad o falsedad nos colocan en una disyuntiva débil (y con ello sólo queremos decir “poco poderosa”).

Sostenemos que ello es poco poderoso pues la presunción de verdad nos amarra innecesariamente a las interpretaciones que consideramos verdaderas y limita nuestra apertura a observar otras interpretaciones como más poderosas que las nuestras. Cada vez que presumimos haber alcanzado la verdad, nos relajamos, bajamos la guardia y disminuimos el interés en examinar el poder de interpretaciones alternativas. Ello obviamente termina limitando nuestra capacidad de innovación y, por ende, nuestra competitividad y capacidad de contribuir al desarrollo de interpretaciones todavía más poderosas que las que disponemos. Desde esta perspectiva, la presunción de verdad es siempre a posteriori.

Me pareció muy pertinente hacer estas aclaraciones antes de entrar al tema del lenguaje, que trataremos en la siguiente entrada. Por lo pronto dejo un par de preguntas relacionadas con el esta. De aceptar lo que aquí hablamos ¿qué tipo de relaciones comenzarías a tener con aquellos que ven las cosas diferentes a ti?  ¿Podrá haber acciones más poderosas que no has explorado por creer que la efectividad garantiza la verdad?



sábado, 4 de septiembre de 2010

El observador

"No sabemos como las cosas son...
No sabemos cómo las cosas son, sólo sabemos como las interpretamos."Vivimos en mundos interpretativos". Este es el primer principio Ontológico y eje de la propuesta de Rafael Echeverría en su Ontología del Lenguaje.

Como menciono en la publicación anterior, suponemos que podemos ver el afuera tal y como éste es; sin embargo, si reflexionamos en nuestra estructura biológica, nos daremos cuenta que ésta nos impone numerosos filtros que condicionan la forma en que nuestros sentidos perciben el exterior.
Es en la relación establecida entre nuestra biología y el medio dónde surge la percepción. Al tener una estructura biológica particular, el daltónico discrimina los colores de una manera; los que no compartimos una estructura similar a la de ellos, discriminaremos los mismos colores de forma diferente. Lo anterior no demuestra que los daltónicos confunden los colores,como se ha querido pensar. Lo que revela es que es nuestra propia estructura biológica la que condiciona nuestro percibir, ya que no existe manera de determinar quién ve los colores tal y como estos son.

La importancia de preguntarnos por el tipo de observador particular que somos, surge de la aceptación de lo anterior, de otra forma, la pregunta carecería de sentido.

Como seres humanos compartimos rasgos biológicos característicos diferentes a los de otras especies, lo cual nos constituye en observadores diferentes. Los perros, por ejemplo, dada su estructura biológica, perciben el exterior en blanco y negro, ello los constituye en observadores diferentes a las especies que percibimos ese mismo exterior a color. 

Sin embargo, no sólo percibimos la vida a través de nuestros sentidos, existen, por lo menos dos dominios que, si bien son rasgos propios de nuestra biología, también la trascienden:

El primero de ellos es nuestra Emocionalidad. Observamos la vida desde nuestras emociones, estas condicionan nuestra forma particular de observar. No veremos la vida de la misma forma estando alegres que estando tristes, ni tampoco estando enojados o estando en paz. La emoción particular en que estemos situados nos constituirá en observadores diferentes.

El otro dominio es el Lenguaje. Sin restar importancia a las dimensiones de la biología y de las emociones, es en este dominio dónde surgen nuestras mayores diferencias. Los seres humanos al estar dotados de la capacidad del lenguaje, observamos la vida también a través de él. La estructura propia de nuestro lenguaje nos permite hacer Distinciones, Juicios y Narrativas, y es en la dimensión, la del lenguaje dónde profundizaremos en las siguientes entregas, ya que como mencioné en la publicación anterior, desde la perspectiva Ontológica observamos al ser humano como una construcción lingüística.

Hasta aquí llegamos por ahora, entre tanto nos volvemos a encontrar quisiera dejarles un par de preguntas relacionadas con lo hablado hoy: ¿Qué tipo particular de observador eres? ¿Qué tipo de observador serías si la narrativa sobre ti mismo fuera diferente?




martes, 31 de agosto de 2010

¿De qué pretende hacerse cargo la Ontología?

Mi querido maestro Rafael Echeverría, autor de la ontología del lenguaje
De la filosofía nacida en la Grecia antigua hace casi 25 siglos, heredamos los conceptos de SER, VERDAD Y RAZÓN. De manera transparente, nuestra particular forma de "ser" en el mundo, de conferir sentido a la vida,descansa en estos tres conceptos.

Esta filosofía metafísica explica la "verdad" de un afuera con independencia de quien observa ese afuera. La ontología sostiene lo contrario. Desde esta perspectiva argumentaremos que la responsabilidad de la "verdad" habita en quien observa y no en lo observado.

El término ontología, a un primer nivel, significa el estudio del "ser", pero no en el sentido etéreo, metafísico con el que lo mira la filosofía tradicional. La ontología observa al "ser" como una construcción lingüística, como un recurso explicativo que responde a la pregunta fundamental que planteara Martin Heidegger ¿Qué tipo de ser es el ser humano?

La inquietud de la que la ontología pretende hacerse cargo es el sufrimiento humano, el cual pensamos, radica de forma importante en la interpretación que hacemos de los conceptos anteriormente señalados: SER, VERDAD Y RAZÓN. Como señala Humberto Maturana: Toda reivindicación de la verdad se traduce en una exigencia de obediencia para quien no coincide con quien presume poseerla.

Nuestra perspectiva no pretende hacer una epistemología, no deseamos presentar nuestra propuesta como verdad, por el contrario, en el camino buscaremos alejarnos lo más posible de ella, aunque, por razones estructurales de nuestro lenguaje no podamos hacerlo del todo. De cualquier forma asumimos la responsabilidad y nos haremos cargo de ello.

Esta es la premisa fundamental que sostiene todas las ontologías que haré en las próximas entregas.