VisitCounter

lunes, 22 de noviembre de 2010

A Patricio, mi maestro



Patricio, mi sobrino y gran maestro de vida

A Patricio, mi maestro:

Gracias, Patricio por enseñarme el valor de la vida, por mostrarme que el crecimiento personal no es un camino de ida, sino un camino de regreso a recuperar esas formas de ser que tuvimos los adultos y que hemos abandonado en el proceso de convertirnos en seres “adecuados”.

Gracias por ser totalmente libre, por no tener juicios ni prejuicios, por no apegarte a normas, dictámenes ni convencionalismos estúpidos; gracias por enseñarme la inmensa sabiduría que existe en ignorarlo todo. Gracias por tu enorme curiosidad, por tus deseos de aprender y descubrir un mundo que no tiene límites, gracias por no vivir en el pasado ni vivir en el futuro, sino siempre en tu gran compromiso con el presente; gracias por disfrutar todos y cada uno de los momentos, gracias por la pasión con la que te entregas a tu vida, a la diversión, al gozo, al juego. Te agradezco por enseñarme que el sufrimiento es efímero cuando no se vive desde la auto compasión, cuando no se niega. Me enseñas que el placer radica en saberse parte de un todo y no dueño de algo; me enseñas que decir NO contundentemente a lo que no quieres pone a salvo tu dignidad y me enseñas que la vida se vive con todos los sentidos, que el apego es estúpido porque todo está por venir, porque hay todo por descubrir; gracias por aceptarlo todo, por no resistir nada, por la confianza que tienes en la vida, por tu generosidad sin intención, por la espontaneidad de tu amor libre de interés en la reciprocidad, gracias por ser sin querer ser adecuado o bueno, gracias por no vivir en la moral y por disfrutar tu desnudez sin vergüenza, gracias por no tener miedo a ser rechazado, por no temer a la vida, por amar lo desconocido, gracias por tu creatividad para arreglártelas solo, por la responsabilidad con que te haces cargo de tu sentir y gracias, Pato, por enseñarme que la racionalidad solo sirve para armar o desarmar cosas, porque toda la vida se vive en el gozo de nuestras emociones y de nuestros sentidos, por mostrarme que las únicas necesidades verdaderas son comer, dormir e ir al baño y que hasta estas se disfrutan. Gracias por respetar los procesos sin prisas y no caminar hasta que caminas y no hablar hasta que hables; gracias por enseñarme que toda tu energía surge desde no desperdiciarla en pensamientos pasados o futuros, en resentimientos o rencores, sino desde el más profundo amor por la vida.

En algún momento serás adulto, el mundo intentará devorarte tal y como lo ha hecho con nosotros, los adultos, que estúpidamente sucumbimos ante él. Tú no lo permitas, nunca te abandones, nunca dejes que nadie te cambie ni tampoco pretendas cambiar a nadie, no dejes que te digan como debes ser, nunca dejes de gozar como lo haces ahora, el gran privilegio de pertenecer a esta vida.

Te amo
Tu tío, Juan Carlos